puerta secreta en la escuela creado por :Nayareth Ortega

 

El Misterio de la Escuela de un Piso

La escuela primaria "Los Sauces" era, por decirlo suavemente, modesta. Un solo edificio rectangular de ladrillo rojo, con un patio de tierra y una cancha de baloncesto descolorida. Todo en ella era predecible, salvo, como descubrí, una pequeña excepción.

Un día, después de clases, me quedé un poco más para ayudar a la profesora Marta a organizar unos materiales en el aula de 4º grado. El sol de la tarde se filtraba por las ventanas altas, pintando franjas de luz sobre el suelo de linóleo desgastado. Mientras movía un viejo mapa enrollable del mundo, este se cayó con un golpe sordo, revelando una sección de la pared que normalmente estaba cubierta.

No era una pared cualquiera. Era de madera, a diferencia del resto, que era de yeso y pintura. Y en esa sección de madera, justo a la altura de mi cintura, había lo que parecía una pequeña manija de metal, oculta detrás de una mota de polvo y telarañas. Era del tamaño de mi puño, con un diseño floral antiguo que no encajaba para nada con la estética sencilla de la escuela.

Mi corazón dio un vuelco. Nadie hablaba de esto. Empujé la manija con el pulgar y, para mi sorpresa, no giró. En cambio, se presionó hacia adentro con un suave clic, y la sección de madera de la pared se deslizó horizontalmente hacia la derecha, revelando un pasaje estrecho y oscuro. No había luz, solo una profunda sombra y un aire sorprendentemente fresco, con un leve olor a vainilla y algo metálico.

¿A dónde lleva?

Con la linterna de mi celular en mano, y una mezcla de emoción y nerviosismo, me adentré. El pasaje era corto, apenas unos metros, y terminaba en una escalera metálica en espiral que descendía en la oscuridad. Bajé con cuidado, cada peldaño resonando con un eco hueco.

Al final de la escalera, me encontré en una habitación circular. El suelo era de un material pulido y brillante, y las paredes estaban cubiertas de estantes llenos de frascos de cristal de diferentes tamaños. Cada frasco contenía un líquido de colores vibrantes que brillaba con luz propia: azules eléctricos, rojos intensos, verdes esmeralda.

La puerta secreta llevaba al Laboratorio de los Sueños Perdidos, un lugar donde los antiguos directores y algunos profesores con una imaginación desbordante (o quizás un secreto muy bien guardado) intentaban, o habían intentado, recolectar y preservar las ideas y los sueños de los niños de la escuela.

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