Desde que era niña, Emma le tenia miedo a dos cosas: la oscuridad… y las arañas.
Su habitación tenía una lámpara nocturna que nunca apagaba. Pero una noche, durante una tormenta, la electricidad se fue. Todo quedó negro. Negro absoluto.
Trató de calmarse bajo las sábanas. Pero entonces… escuchó algo raspar la pared
Sacó lentamente su linterna del cajón. La encendió.
No funcionaba.
Sintió una cosquilla en el brazo. Luego en la pierna. Algo se movía en su espalda.
Saltó de la cama y corrió a la puerta, pero estaba cerrada con llave desde afuera.
En medio del silencio, escuchó un crujido. No era la madera…
Eran patas. muchas patas.
La luz volvió por un segundo.
Y allí, en el techo, había docenas de ojos brillando.
Ojos de arañas.
enormes.
Y bajaban lentamente con hilos gruesos, directamente hacia ella.
La luz se apagó otra vez.
Y Emma ya no grito.
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