Había una vez un hombre hecho de madera, llamado Olmo, que vivía en un pequeño pueblo rodeado de bosques. A pesar de su apariencia rígida y su cuerpo de tronco, Olmo tenía un corazón cálido y lleno de deseos. Su mayor anhelo era sentir el viento en su rostro como los demás, correr libremente por los campos y, sobre todo, conocer el amor.

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